El niño Fidencio En los años veinte, en el pueblo mexicano de Espinazo, Nuevo León, José de Jesús Fidencio Síntora Constantino, mejor conocido como el «Niño Fidencio», alcanzó gran fama como curandero milagroso.
Miles de personas viajaban hasta ese lugar buscando remedios, consuelo y esperanza. Sus métodos mezclaban el uso de plantas medicinales, prácticas tradicionales y rituales cargados de simbolismo, lo que dio origen a una de las expresiones más singulares de la fe popular en México.
A partir de 1938, año de su muerte, su figura continuó creciendo hasta convertirse en símbolo de culto popular. Personas elegidas, llamadas «cajitas» o «materias», comenzaron a recibir el espíritu del Niño, perpetuando así su obra de caridad. En la actualidad, algunos «espíritus de luz» se están manifestando por medio de otras «materias»: Margarita Catalán, Aurorita, el Santo Niño de Atocha y Pancho Villa. El Niño Fidencio sigue siendo recordado por miles de creyentes que visitan Espinazo y mantienen viva la tradición espiritual surgida alrededor de su legado milagroso.